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lunes, 18 de julio de 2016

La guerra no empezó en la plaza del Castillo





Hay una curiosa versión de cómo se inició la guerra civil de 1936, tras el fracaso del alzamiento militar, que se contiene en el blog del Hotel La Perla de Pamplona, y que carece de respaldo alguno en los libros de historia. Versión que hasta hace poco no había salido de dicho blog, pero que al ser acogida por Iván Giménez en un libro (El corralito foral, Arre, Pamiela, 2015, p. 125) que, por méritos propios (salvo algún error como el que voy a señalar), ha recibido una amplia y exitosa difusión, corre peligro de ser tomada en serio. Resulta curioso que Iván Giménez, de forma acrítica, dé pábulo a esta historieta cuando descalifica otras leyendas que se contienen en el mismo blog, como la de que Hemingway fuese cliente asiduo del Hotel La Perla.

Afirma el citado blog que el fracaso del alzamiento militar del 18 de julio saltaba a la vista y cuenta lo siguiente:

«De hecho, esa mañana del 19 de julio, el sublevado Francisco Franco llamó por teléfono a Pamplona para hablar con el general Mola; quería transmitirle que las guarniciones no habían respondido, que Melilla y Pamplona eran las únicas sublevadas, que no merecía la pena seguir con la revuelta. Pero Mola no estaba en el Palacio de Capitanía, y le remitieron al teléfono del Hotel La Perla, pues le informaron que estaba en la Plaza del castillo pasando lista a las tropas.
Ante la llamada de Franco en La Perla salieron a buscar al general, y este último, una vez escuchada la opinión de su compañero de alzamiento, apoyado en el mostrador del hotel, le respondió con rotundidad: “Francisco, tu haz lo que quieras, pero en la Plaza del Castillo de Pamplona hay en este momento miles de hombres listos para luchar y que me están diciendo que ¡adelante!, así que yo con ellos estoy, y esto ya es imparable”. Ante esta reacción al joven general Franco no le quedó más remedio que admitir: “pues si tú estás dispuesto a seguir, yo no voy a ser menos”. Y ese día salían desde Pamplona varias columnas de combatientes hacia una guerra que habría de durar tres años».

Y añade:

«En aquel locutorio telefónico que había en el vestíbulo del hotel el general Emilio Mola acababa de sentenciar que la sublevación debía de seguir adelante, que la maquinaria de la guerra no debía pararse. Junto a él, en la pared, aparecía dibujado un gran mapa de España; sobre esta piel de toro se había puesto unas banderas nacionales, bicolores y tricolores, según fuese el dominio en ese momento; Ceuta y Melilla (Franco) y Pamplona (Mola) eran las únicas ciudades tomadas por el bando nacional, el resto estaba en manos del bando rojo».

Ninguno de los hechos contenidos en este relato merece el menor crédito. En la mañana del 19 de julio de 1936 la suerte del alzamiento militar era incierta, pero no se puede afirmar que hubiese fracasado en todas partes menos en Pamplona y Melilla. Esa misma mañana a las siete Franco aterrizaba con el Dragon Rapide en Tetuán, procedente de Casablanca donde había hecho noche, para comprobar que todo el ejército de Marruecos se había unido a la sublevación. Las Canarias, bajo el mando del general Orgaz, también estaban controladas por los sublevados. El golpe militar había triunfado esa madrugada en la mayor parte de Galicia, León y Castilla la Vieja, así como en Sevilla, con el general Queipo de Llano, en Zaragoza, con el general Cabanellas, o en Córdoba, con el coronel Cascajo. Si hubiera existido esa conversación entre Franco y Mola, que ningún historiador menciona, habría tenido que discurrir por otros cauces bien distintos.

martes, 24 de noviembre de 2015

Hostias



1. Creo que la libertad de expresión conlleva la carga de que alguien se pueda sentir ofendido cuando es ejercida por otros. Garantizar que nadie se ofenda por nada únicamente se consigue negando la libertad de expresión. No solo en caso de duda debe darse preferencia a esta, sino también cuando no hay duda alguna de que su ejercicio ofenderá a alguien. Por esa razón no creo que deba prohibirse, censurarse ni sancionarse la exposición que Abel Azcona ha montado en la Sala de Exposiciones Conde de Rodezno de Pamplona, aunque es obvio que su propósito era ofender (“provocar”, se prefiere decir).

2. No entiendo muy bien en qué consiste el delito de ofensa de los sentimientos religiosos que se incluye en el Código Penal. Definir en qué consiste exactamente la religión ya es complicado, así que poner límites a los sentimientos religiosos resulta muy problemático. Me temo que decidir cuándo se comete ese delito queda a un arbitrio excesivo de los jueces que tengan que ocuparse del caso. Yo a menudo siento que se ofenden mis sentimientos, pero no sabría decir cuándo son los religiosos y cuándo son los otros sentimientos que tampoco soy capaz de identificar y delimitar. Cuando nuestros buenos aliados los saudíes condenan a alguien a muerte por dejar el Islam para convertirse a otra religión mis sentimientos se ven afectados, pero no sé si son los religiosos. También me sucede con todas las noticias sobre abusos sexuales ejercidos por sacerdotes, sobre las turbias finanzas del Vaticano, sobre las misas en recuerdo de Franco, sobre los atentados yidahistas, sobre la persecución religiosa en Siria e Iraq, sobre el genocidio armenio, sobre la explotación infantil en el tercer mundo por la industria textil, sobre los refugiados que se ahogan en el Mediterráneo, sobre las hambrunas en África, sobre los desahucios en España, sobre la creciente pobreza y desigualdad… No sé si mi aversión a la guerra y a la pena de muerte proviene de mis creencias religiosas (“No matarás”, dice la Biblia), de mis creencias filosóficas, políticas, éticas o estéticas, no soy capaz de compartimentarlas. La verdad es que mi adicción a leer la prensa todos los días afecta gravemente a mis sentimientos, pero no tengo ni idea cuándo a los religiosos y cuándo a los demás y no aspiro a que manden a nadie a la cárcel por ello. También ofende mis sentimientos la gente de piel muy fina que tiene la bíblica costumbre de rasgarse las vestiduras a cada poco alegando que se ofenden sus creencias y que monta misas de desagravio suponiendo que Dios también es un ser muy susceptible que se ofende fácilmente y al que hay que aplacar de continuo. Yo creo que Dios no se ofende tan fácil.

3. La exposición que ha montado Abel Azcona, al menos la pieza que ha producido tanto escándalo (no conozco el resto), ese montaje con hostias, me parece de una idiotez insuperable. Lo de ir de iglesia en iglesia haciendo como que comulga para conseguir las formas consagradas me parece de un infantilismo supino. Como comerse el Corán, que hizo el mismo individuo hace un tiempo. Creer que es arte simplemente la provocación por la provocación resulta algo muy caduco, lo de épater les bourgeois tiene más de cien años y ya aburre. Hacerse luego el sorprendido ante las reacciones provocadas indica que el presunto artista es un cínico o un memo. Desgraciadamente, exposiciones tan estúpidas como esta para solaz exclusivo del artista y de unos pocos amiguetes son frecuentes y contribuyen a alejar a la mayor parte del público de las galerías donde se exhiben. El Ayuntamiento de Pamplona, y todas las instituciones públicas, harían bien en pensar mejor en qué se gastan el dinero.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Independencia

En principio, estoy a favor de la independencia. Eso sí, de la independencia que consiste en poder vivir prescindiendo de la gente con la que no quieres vivir. Eso se consigue sobre todo con la independencia personal, esa a la que aludía el anuncio de Ikea de la República independiente de mi casa. Te vas de casa de tus padres a vivir solo, cuando ya tienes edad e ingresos suficientes, o abandonas el nido paterno para irte a vivir en pareja con la persona de la que piensas que no puedes vivir sin ella y con la que crees que quieres vivir para siempre.
La independencia colectiva, esa que consiste en que un territorio se declara independiente de otro, me convence menos. Sigues viviendo con la misma gente alrededor, te caiga bien o te caiga mal. No sé si les pasa a los demás, pero la mayoría de la gente que yo no soporto y con la que no me gusta vivir vive precisamente por aquí cerca, en mi tierra. Eso se debe a que donde más gente conozco es aquí, en la tierra en la que he vivido siempre. Pero le veo poca ventaja a declarar la independencia de gente a la que no conozco, que vive muy lejos, y que no sé si me cae bien o mal, y seguir aguantando aquí cerca a un montón de gente a la que no soporto. La solución está inventada, es la independencia con limpieza étnica, eliminas a la gente que te molesta amenazándola para que se vaya y, si no se va, la matas. Por supuesto, es una atrocidad y no la patrocino, lo que digo es que resulta coherente con la idea de "mejor nosotros solos" que suele alegarse para defender la independencia.
En fin, no sé que votarán mañana los catalanes, si a favor o en contra de la independencia, pero yo les recomendaría que se piensen bien si les va a merecer la pena perder de vista a Rajoy y los suyos pero hacer el viaje con la familia Pujol, Mas y toda la gente de su partido.

viernes, 12 de junio de 2015

Estereotipos sobre el matrimonio de personas del mismo sexo

Con ocasión de la aprobación en Irlanda por referéndum del matrimonio de personas del mismo sexo me ha llamado la atención la cantidad de opinadores que resaltaban lo paradójico de que esa aprobación se produjera en un país tan católico.

Me temo que quienes hacen ese comentario caen en un estereotipo fácil que no resiste apenas contraste con la realidad. Se supone que, ya que la jerarquía de la Iglesia católica (es decir, una minoría de la Iglesia católica, la cual está compuesta en su inmensa mayoría por laicos que en muchas cuestiones suelen apartarse de las recomendaciones de sus pastores) se pronuncia reiteradamente en contra de ese matrimonio, resulta lógico pensar que en los países de mayoría o de tradición católica resulta más difícil o improbable que se apruebe la medida. Se supone también que los prejuicios contra la homosexualidad estarán más arraigados cuanto mayor sea la influencia de la Iglesia católica (o del cristianismo, en general, añadirían algunos) en un país.

Lo cierto es que esa supuesta correlación entre influencia católica y prohibición del matrimonio de personas del mismo sexo simplemente no existe. De los veintidós países que, según mis cuentas, han aprobado hasta el momento el matrimonio de personas del mismo sexo resulta que todos ellos son de tradición cristiana y, la mayoría, de tradición católica. Antes que la católica Irlanda aprobaron la medida países de no menor tradición católica como Bélgica, España, Portugal, Francia, Eslovenia, Luxemburgo, Canadá, Argentina, Uruguay, Brasil y algunos estados de México. Se puede pensar que el avance del matrimonio homosexual va parejo al descenso de la influencia de las creencias y de la práctica religiosa en esos países. Quizás pueda afirmarse eso en Europa, pero no desde luego en Brasil y menos en Estados Unidos, donde el primer estado en permitirlo fue Massachussets, en el cual los católicos constituyen tradicionalmente la primera comunidad religiosa. Curioso resulta también el caso del Reino Unido. El matrimonio de personas del mismo sexo está aprobado en Inglaterra, Gales y Escocia; en Irlanda del Norte fue rechazado por su parlamento donde votaron a favor los partidos de mayoría católica y en contra los de mayoría protestante.

En fin, que sin negar que la influencia de la religión pueda ser uno de los muchos factores que deben analizarse en cuestiones políticas como esta, la simplista correlación que se hace entre influencia católica y dificultad para la aprobación del matrimonio de personas del mismo sexo debe ser puesta en cuarentena. Tampoco nos vamos a lanzar a la fácil conclusión contraria de que en los países católicos sea más fácil que se apruebe. Sin duda, la cuestión es mucho más compleja y habría que analizar muchos otros factores.

martes, 26 de mayo de 2015

Hora de valoraciones electorales



Pasado el día de reflexión (me refiero al posterior a las elecciones, para asentar un poco las conclusiones, el anterior aunque sea llamado así no sirve para nada) aquí van unas pocas ideas sobre el resultado de estas elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015.

En España

Me alegra el retroceso del PP y del PSOE. Nos habíamos acostumbrado a un sistema, de dudosa calidad democrática, donde la responsabilidad política, la rendición de cuentas (accountability, dicen algunos en inglés), parecía ausente. Por fin la ciudadanía empieza a pedir cuentas de los desastres de los últimos años atribuibles, no en exclusiva pero sí principalmente, a estos dos partidos: los efectos de la crisis económica, sobre todo el desempleo, un modelo de crecimiento basado en la especulación y el derroche, el recorte de derechos, la creciente desigualdad, la pobreza sistémica, la corrupción.

Me alegra la movilización del voto que se ha producido para exigir cambios, me alegra el desplazamiento del electorado a la izquierda después de las mayorías absolutas y absolutistas del PP. Me alegra que, aunque el bipartidismo no haya desaparecido, haya entrado en crisis y de lugar a una mayor pluralidad.

Me ilusiona el triunfo de las candidaturas de unidad popular, ciudadana o de izquierdas, llámense como se quiera, empezando por Barcelona y siguiendo por tantas otras localidades. Se demuestra su eficacia para propiciar la movilización del voto y para desalojar a la derecha de los gobiernos municipales. Lástima que no hayan sido posibles en todos y cada uno de los municipios y comunidades autónomas. Exceso de protagonismo, desconfianza, cortoplacismo, de unos o de otros, las han impedido en muchos lugares. Pero ese es el camino de futuro y sigo apostando por él.

Me alegra infinito que Esperanza Aguirre haya perdido. Solo que haya podido ser candidata es un síntoma de la escasa cultura democrática que seguimos padeciendo en este país.

Me consuela algo que Izquierda Unida, la formación a la que pertenezco, haya salvado los muebles en las elecciones municipales, haciendo fracasar los vaticinios sobre nuestra desaparición que nos acompañan desde el mismo momento en que nacimos. Me apena el retroceso en las elecciones autonómicas, donde el sistema electoral, con circunscripciones provinciales (y alguna práctica de gerrymandering como la de Castilla-La Mancha) hace más complicada la supervivencia de las minorías. Me entristece la debacle sufrida por IU en Madrid, sobre todo porque es merecida. Hace años que vengo contemplando estupefacto como mis compañeros de Madrid, municipio y comunidad, se dedican más al navajeo interno que a hacer política. Lo sucedido en estas elecciones ha rizado el rizo. Tras la fuga de los candidatos elegidos en primarias abiertas, que una parte de la organización (desorganización es más preciso decir) apoye una candidatura ajena (Ahora Madrid) ha sido el colmo. Que la mayor parte del electorado tradicional de IU haya preferido votar a Manuela Carmena, normal. Y que ayer mismo no haya salido nadie a asumir responsabilidades por el desastre y dimitir (procedería la dimisión de todos los miembros de todos los órganos de IU de Madrid capital y comunidad, para hacer borrón y cuenta nueva) un mal síntoma para el futuro próximo. Como doloroso contraste, que IU haya podido obtener muy buenos resultados en algunos ayuntamientos (véase Zamora, donde opta a la alcaldía) o mantenerse en alguna comunidad (Asturias) indica que donde se hacen las cosas bien, donde hay buenos candidatos que se lo trabajan, no solo durante la campaña sino durante años, el entorno desfavorable que es el habitual para IU se puede superar.

Quedan pocos meses para otras elecciones trascendentales, las que deben elegir el Congreso de los Diputados y el Senado allá por noviembre. El sistema electoral que rige en esos comicios potencia de forma mucho más clara el bipartidismo y penaliza a los terceros o cuartos partidos de cada provincia, además de primar el voto rural sobre el urbano, el voto conservador sobre el progresista. Sería especialmente necesario empezar a trabajar también por candidaturas de unidad popular, ciudadana o de izquierdas en cada provincia, con la misión de desalojar al PP del Gobierno. En esas candidaturas deberían participar, como mínimo, Podemos e IU. A la vista de los resultados de las elecciones municipales y autonómicas (incluidas las andaluzas de hace unas semanas) espero que en Podemos acepten que no pueden ellos solos, que no han arrasado en las urnas sino que se han convertido en un partido más, con buenos resultados pero uno más. Que hayan sustituido aquel impreciso objetivo de echar a “la casta” por el de echar al PP, y que estén dispuestos a entrar en pactos renunciando como único objetivo a ganar en solitario y por goleada, creo que es una muestra de madurez y realismo. Espero que la experiencia adquirida les lleve también a concluir en la necesidad de pactar de cara a las elecciones generales para conformar candidaturas potentes con posibilidades de éxito en todas las provincias.

En Navarra

Veinte años hemos tardado en poder leer el titular “UPN pierde el Gobierno”. Como ese era uno de los objetivos de Izquierda-Ezkerra (Izquierda Unida + Batzarre), junto con el de propiciar un gobierno de cambio que promueva políticas de izquierdas, valoro muy positivamente el resultado.

Cierto que I-E ha retrocedido en el Parlamento de Navarra, en lugar de los tres escaños de la legislatura anterior ha obtenido solamente dos. Pero hay lugar para el consuelo. Son dos escaños que contribuyen a la suma de 26 votos que hace la mayoría absoluta y que posibilita un acuerdo de gobierno entre Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e I-E. Por otro lado, a nivel municipal I-E ha conseguido buenos resultados, con tal marca o en candidaturas conjuntas con otras fuerzas. A destacar el gran avance conseguido en Tudela que va a permitir lograr la alcaldía. Y todo ello en una situación muy poco favorable en la que mantenerse ya es un éxito.

En todo caso, considero que en política lo importante no es obtener muchos votos para tener muchas poltronas que repartir. Los partidos políticos no pueden ser una agencia de colocación ni una empresa que reparta dividendos entre los socios, pese a que hay demasiados partidos que ofrecen esa imagen. Lo importante es contribuir a que mejore la sociedad con propuestas, con ideas, con valores. Creo que desde I-E estamos contribuyendo decisivamente al cambio en Navarra y que algunas ideas que hace años defendíamos prácticamente en solitario ahora van siendo patrimonio común. La idea de pluralismo identitario, la necesidad de establecer un marco de convivencia para las diversas identidades, aceptar Navarra como marco propio de decisión, la necesidad de dar prioridad al programa social, a la construcción social sobre cualquier construcción nacional…

Sobre esas ideas hemos de apostar en I-E para negociar un acuerdo de gobierno con Geroa Bai, EH Bildu y Podemos. Creo que hay suficientes cosas en común como para llegar a un programa de progreso y creo que es posible pactar también las diferencias y aparcar aquello que nos divida. Creo que después de muchos años de gobiernos de UPN, que ha gobernado para los suyos, no se trata de dar la vuelta a la tortilla y gobernar para otros, para los nuestros, sino de gobernar para todos. Aunque teniendo en cuenta que gobernar para todos en igualdad no significa tratar de igual modo a quienes no están en la misma situación. Debe haber una apuesta decidida a favor de los más desfavorecidos, de las víctimas de la crisis y del sistema económico.

Si se logra llegar a un acuerdo programático, que como hemos venido diciendo en campaña es nuestra única línea roja para pactar, creo que I-E debe apostar también por formar parte del Gobierno de Navarra que se constituya. Pienso que un apoyo desde fuera es menos eficaz, que el control desde el Parlamento es demasiado poco efectivo, que hay que estar donde se toman las decisiones. Aunque, quizás, sea menos cómodo y puede ser peligroso porque se asumen responsabilidades. Pero en política no hay que estar por comodidad y para evitar riesgos.

Y como parte del modo de hacer política que propugnamos, la decisión sobre el acuerdo programático y, en su caso, sobre entrar en el Gobierno de Navarra debería someterse a consulta vinculante de los afiliados de IU y Batzarre y de los simpatizantes de I-E inscritos para el proceso de primarias abiertas para configurar las candidaturas. Adoptar el método de consulta ni sería novedad ni supondría copiar un invento ajeno. Hace ahora justo veinte años, cuando fui elegido concejal de IU y entramos en el acuerdo tripartito del Ayuntamiento de Pamplona con CDN y PSN, ya lo hicimos, sometimos la decisión a la afiliación de Pamplona.

domingo, 24 de mayo de 2015

¿Del bipartidismo al cuatripartidismo? Diario de campaña

El País habla hoy de que "los cuatro principales partidos políticos (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos) concurren hoy a las elecciones municipales y autonómicas para medir sus fuerzas reales". Resulta curioso que se hable de esos cuatro como los principales partidos. En el caso del PP y el PSOE está claro, pero en las últimas elecciones de ámbito nacional, las del Parlamento europeo de mayo de 2014, Podemos fue el cuarto partido, por detrás de Izquierda Plural, y Ciudadanos el octavo, por detrás de UPyD, Coalición por Europa (CiU, PNV, CC, CxG) y L'Esquerra pel Dret a Decidir (ERC y otros). En las municipales y autonómicas y en las generales de 2011 Podemos no existía; Ciudadanos todavía centraba su actividad en Cataluña y no se presentó a las generales de 2011.
Sin embargo, hablar de los cuatro principales partidos responde no sólo a lo que pueden anticipar las encuestas, sino sobre todo al interés de los medios de comunicación (que son quienes encargan las encuestas, por cierto) en que haya cuatro partidos.
Hace cosa de un año y medio las perspectivas electorales pusieron muy nerviosos a los poderes fácticos. Para entendernos, los que tienen el dinero y, entre otras muchas cosas, controlan los medios de comunicación. A consecuencia de la crisis económica, los recortes y los escándalos de corrupción, el PP caía en intención de voto pero su desgaste no era aprovechado por el PSOE, afectado también por el descrédito del sistema político. Había el serio riesgo de que aumentara exponencialmente el voto de la izquierda, sobre todo el de IU. Algo había que hacer. Para recoger el voto de derecha desencantado con el PP, para evitar que se refugiara en la abstención, hacía falta otro partido. Se pensó en la unión de UPyD y Ciudadanos, pero ante la negativa de Rosa Díez se apostó por Ciudadanos. Para recoger el voto indignado de izquierda que no iba a ir al PSOE hacía falta otro partido, no tan radical como IU. Se apostó por un Podemos domesticado, socialdemócrata, que no es de izquierdas ni de derechas, ni monárquico ni republicano.
Y ahí estamos, con una apuesta clara del sistema a autorregenerarse un poquito, que algo cambie para que nada cambie, pasando del bipartidismo al cuatripartidismo. Allá donde proceda el PP podrá seguir gobernando con el apoyo de Ciudadanos, allá donde proceda -y como mal menor- el PSOE podrá seguir gobernando con el apoyo de Podemos.
Y en casos desesperados como Navarra, incluso se propone un pacto de PP y PSOE con UPN, al que también se podría añadir Ciudadanos...
Pero serán los ciudadanos los que decidan con su voto.